De Bangkok a Chiang Mai

0

Posted by Felix | Posted in Avant le départ | Posted on 12-09-2013

Ahora somos 3. Florian, un alemán de 27 años (que encontramos hace un año en Turquía), Giom y yo pedaleamos juntos dirección Chiang Mai.

Nos despedimos de Valery y de Jordan, dos voluntarias que están en la granja haciendo “WWOOFING” (ayudar en una granja a cambio de alojamiento y comida. Es una forma de aprender de forma activa y directa.)

Disfrutamos y jugamos con el mapa. Nos dejamos llevar por pequeñas carretas, sólo fijándonos en nuestras brújulas: dirección noroeste. Pedaleamos por estrechos caminos, pequeñas carreteras al lado de canales, casas y campos de cultivo, en su mayoría arrozales. Procuramos levantarnos temprano para aprovechar las horas más frescas del día. Se nota que los días se acortan de manera paulatina y casi sin darnos cuenta tenemos menos tiempo para pedalear. Aún así, a partir de las doce del mediodía tenemos que parar. Los termómetros suben por encima de los 40- 45ºC y se hace cuesta arriba pedalear llaneando.
Compartimos experiencias y fotos con Florian. Echamos un ojo a sus artículos y vemos vídeos de su viaje.  Tiene fotos únicas y muy bonitas. Las podéis ver, junto con sus vídeos en:

Su idea es viajar en bicicleta descubriendo el mundo, sin límite. Va trabajando, viajando.. sin plan fijo.

Mato la morriña con canciones de Serrat, cantautores y canciones de los 80 y 90 con energía. A veces la música ayuda a pasar las largas rectas de asfalto, que por el efecto del sol, parecen convertirse en lagos en la lejanía.

Paramos para comer en pequeños restaurantes al lado de la carretera. Con el paso de los días nos damos cuenta que tenemos que aprender más y más tailandés. Tenemos controladas palabras básicas y números, pero la comida es otro cantar. Queremos cambiar del “Cao man cai” (arroz con pollo) o “pad thai” (pasta con soja) que es lo poco que sabemos decir y por tanto pedir. Otras nos arriesgamos señalando con el dedo a lo que parecen jeroglíficos con cículos pequeños entre sus letras.

Al caer la tarde, puestas de sol de ensueño cubren el horizonte, que si está despejado de árboles y nublados, contemplamos boquiabiertos. El cielo se cubre de tonos rojizos y anaranjados, que juegan entre las nubes. Otras veces, densas y oscuras masas cubren el cielo, adelantando la noche. La lluvia se mezcla con un fuerte viento que nos obliga a pararnos y refugiarnos debajo de algún garaje o tienda. Cuando se pone a llover, sabemos que toca buscar un sitio para dormir, porque a veces, dura hasta el amanecer.

Para dormir hemos descubierto que las pagodas son un sitio seguro, donde los monjes budistas nos reciben con una sonrisa. Al ser espacios tan grandes, siempre hay un hueco para dormir protegidos de la lluvia. Así que podemos descansar sin problemas. Ah! y tenemos despertador incluído. A las 4 de la mañana los monjes hacen repicar la campana, para llamar a la oración. La bici desgasta mucho, por lo que no nos cuesta volver a coger el sueño hasta que amanece cuando los gallos empiezan con sus cacareos.

Muchos turistas nos hablan de las pagodas como sitios a visitar, pero para nosotros son una extensión de nuestra casa. Una puerta abierta cuando estamos empapados, al final del día, en mitad de la montaña. Es una maravilla compartir experiencias y hablar cuando los monjes hablan inglés o comunicarte por señas. Es mucho más fácil de lo que parece, un poco de habilidades en interpretación y expresión corporal, y es de lo más divertido. A la vez interesante, saber que allá donde vayas puedes expresarte y hacerte entender. Los monjes reciben mucha comida, que sobra y a veces nos ofrecen desayunar, después de ellos. Por nuestra parte ayudamos en lo que hace falta, limpiar, barrer,… lo que nos digan.

En general, los tailandeses son gente muy hospitalaria. Una tarde nos cruzamos con una profesora en una pagoda. Nos ofrece ir a su colegio al día siguente para presentar nuestros proyectos. Ha resultado ser uno de los mejores días! Desde por la mañana pudimos presentar nuestras bicis, nuestros proyectos, hablar de sueños e inquietudes, ideas y proyectos futuros. Disfrutamos jugando, viendo y aprendiendo. Es un gran colegio y las profesoras y el director nos ayudan a movernos, con las traducciones … y hasta nos ofrecen pasar la noche en el colegio. Un día estupendo! Los niños y niñas forman parte de diferentes asociaciones: la cruz roja, los boy scouts y otros se preparan para ser militares.

Tras magníficos paisajes verdes, cielos de película, arco iris y pequeños pueblos, llegamos a Chiang Mai. Desde que llegamos, nuestro objetivo es reparar las bicis. Los tres tenemos problemas con los ejes. Después de 3 días dando vueltas y unas 10 tiendas de bicis, conseguimos los materiales de repuesto y un buen mecánico para cambiarlos, contruir la rueda y equilibrar los radios. Esto último es bastante complicado y con el peso que llevamos es algo muy delicado. Estamos contentos de haber resuelto los problemas técnicos.

Aprovechando nuestra estancia en Chiang Mai me pasé por el hospital. De nuevo me volví a sentir muy cansado y con fiebre. Resulta que hay cuatro tipos de dengue. Pasé uno en Camboya y ahora aparecen otros dos diferentes en los análisis de sangre. Por suerte esta vez ha sido todo más suave y después de hibernar dos días en la cama, he vuelto a recuperar las fuerzas y el apetito.

Ahora Giom y yo nos separemos unos días. Voy a hacer un curso de meditación Vipassana durante 10 días. Durante ese tiempo Giom pedaleará con Florian hacia el norte, donde me juntaré con ellos una vez terminado el curso. Además aprovecho para cambiar el estilo por uno más fresco y veraniego. Se nota! Vaya que si se nota, más fresco cuando hace calor… y una agradable sensación al sentir las gotas de lluvia al andar por la ciudad.

Tailandia llega a su fin, aunque volveremos. Laos, nos abre sus puertas.

Write a comment

Notify via Email Only if someone replies to My Comment