Llegada a Tailandia

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Posted by Felix | Posted in Asia Sureste, El viaje, Thailandia | Posted on 19-08-2013

Hemos cruzado la frontera el 9 de agosto. Sin más problemas dejamos Camboya y nos adentramos en la mágica y rica Tailandia.

¿Pero es que me quieres atropellar?, pensamos cuando un coche pasa cerca de nosotros. Nos cuesta unos cuantos metros darnos cuenta de que conducen por la izquierda, como en Reino Unido. Así que después de cambiar el palo que llevamos para alejar los coches de lado, seguimos nuestro camino.

El paisaje sigue siendo el mismo, plataneras, árboles de mango, papaya cubren los bordes de la carretera. Nos damos cuenta que Tailandia es otro nivel. Las carreteras perfectamente asfaltadas, casi todos los coches que vemos nuevos, y las ciudades que vamos pasando con luz, teléfono y un sistema de recogida de basuras. La gente nos sonríe y nos saluda al pasar. Nos dan ánimos, pero ningún coche pita, lo que agradecemos enormemente.

Empieza a llover, pensamos: Serán unas gotas, genial para refrescarnos. Al rato la lluvia se hace más densa, intensa y pesada. Después de pensarlo, la siguiente ciudad estaba a 8 km. Así que nos liamos la manta a la cabeza y nos ponemos a pedalear. Llega un punto que no se si empezar a nadar, sacar los remos o el traje de buzo. Como si acabáramos de salir del mar en bici, llegamos al mercado de la ciudad. Tenemos mucha hambre y damos buena cuenta de los puestos de comida. Volvemos a descubrir sabores nuevos. Thailania promete. Prueba estas bolas de arroz, y estos pinchos de carne, y esta ensalada, y vaya dulces! Terminando de saborear la comida se nos acerca un señor, parece europeo. Es francés y después de intercambiar unas palabras nos invita a dormir a su casa. Nos miramos, empapados como estábamos. Nos ha salvado el día. Esta noche dormimos secos, con el estómago lleno y las bicis seguras. Gracias Patrice!

Pedaleamos cerca de la costa, entre playas, plameras y cocoteros. Las carreteras son estupendas y rodamos sin problemas. Estamos en temporada baja, así que nos encontramos con muy pocos extranjeros. Pasamos por Chantapuri para poner a punto las bicis y seguir dirección Rayon. Poco a poco nos hacemos con el nuevo lenguaje, aunque es complicado porque al igual que el vietnamita es tonal. No es lo mismo maa, máa, màa, mâa… un problema para hacernos entender a veces.

Tenemos la suerte de conocer en el camino a una familia, de descendencia china. Kof, Kup, Kip, Bidyae, Flame, Bang y sus padres nos acogen una noche en su empresa maderera. Nos ofrecen una ducha y un sitio para dormir. Por la mañana nos sorprenden con el desayuno, que compartimos entre risas y fotos. Es maravilloso seguir descubriendo que la hospitalidad y amabilidad de la gente no tiene barreras, fronteras, religión o edad.

“Sawatdicrap” es “hola”, “hocuncap” significa “gracias”. Son las primeras palabras que aprendemos.

Pasado Klaeng, llegamos a las playas paradisiacas de Laem Mae Phim. Tengo las piernas muy cargadas. Después de la semana en cama por el dengue, los músculos se están poniendo al día de nuevo. Decimos para por una noche. Nos cruzamos con una pagoda y preguntamos a los monjes si podemos quedarnos una noche. Con su amplia sonrisa nos dicen “Chai” (sí), y además nos invitan a compartir la comida con ellos y con una gran familia que está allí. Poco a poco nos comunicamos con ellos. Se interesan por el proyecto y al cabo de un tiempo nos dicen que podemos quedarnos lo que queramos, ayudando un poco en el templo. Realmente es maravilloso. Una pagoda en un alto, al borde del mar. Mientras barro la pagoda por la mañana, solo se escucha el sonido de las olas que por las noches se mezcla con el repiqueteo de la lluvia. Es un rincón de paz y tranquilidad. Por la tarde bajamos al pueblo para darnos un baño en la desierta playa mientras llueve. En temporada alta, nos dicen, está a rebosar de gente, pero ahora no hay nadie. Nosotros estamos muy contentos con esto. Disfrutamos, relajados en la naturaleza.

Al final pasamos tres noches con Chang Nong y Toat, los monjes con los que tanto hemos compartido y aprendido. Seguimos pedaleando. Dejando a la lluvia a sus anchas a partir de las cinco o seis de la tarde, cuando el cielo se desploma. Es una señal para parar y buscar un techo, soportal donde refujiarnos y pasar la noche. Al cabo de un par de días llegamos a DARUMA Ecofarm, donde Neil tiene un gran proyecto de permacultura y actividades en la naturaleza con niños y todo aquel dispuesto a aprender. Un gran edificio rodeado de canales, plantas, árboles y animales. Pasamos cerca de los cerdos y sorprendemos al no oler nada. “Hemos cultivado unas bacterias especiales que eliminan el mal olor” nos explica Neil. Aprendemos de cada rincón de la granja, todo está pensado, todo tiene un por qué.

Nos va a costar dejar este entorno basado en la permacultura, donde podríamos estar un año entero aprendiendo sobre naturaleza, ecología, energía, biodiversidad e infinidad de materias relacionadas.

Por las noches las ranas y sapos, grillos y otros insectos y el inconfundible geko, nos ofrecen su serenata noctura. ¡Dulces sueños! y ¡hasta la próxima!

Comments (4)

Increíbles fotos como siempre!! No sé si lo mejor es el templo con los monjes majos o si es la granja ecológica… es todo estupendo!

Siempre encontramos gente que nos ayuda, es maravilloso ver cómo en todos lados, hay luz. Los monjes, con el mar…. los gekos…. fue estupendo!

Me encanta leer vuestros post! Me hago fan de esta frase Félix: “Es maravilloso seguir descubriendo que la hospitalidad y amabilidad de la gente no tiene barreras, fronteras, religión o edad.”

:-D

Disfrutar del día!

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